miércoles, 28 de enero de 2009

Morir o envejecer.

Tres historias del fin de la vida. Y una reflexion particular.




Envejecer no es una elección. Es la única opción que se antepone a la muerte.




Celia.

Uno de los mas terribles problemas de envejecer, es que la persona cree demasiado.
Cree que aun piensa con claridad, cree que puede hacer las mismas cosas que 10 años atrás, cree que esta en total dominio de sus facultades mentales, y hasta creen que pueden ser autosuficientes.
O al menos, este es el peor de los defectos de mi abuela materna.
Vive en una casa, delante de mi casa, y cada mañana, cada 15 minutos reloj, aparece en mi puerta para contar alguna cosa sin sentido que seguramente no me interesara. A veces la escucho con atención, evitando hacer comentarios porque se en lo que podría acabar la charla. Otras veces solo finjo escucharla mientras hago otra cosa. Pero muchas veces me exaspera.
Ella cree que puede seguir haciendo las cosas que hizo durante toda su vida, pero de hecho, prácticamente no puede hacer ninguna.
Sufrio en la vista una enfermedad similar a la de mi abuelo, pero mas leve, y ya no pudo coser mas majestuosos vestidos, ni remiendos de lo mas simples. Abandono en gran medida su devocion al jardin, y es entendible: su cuerpo esta demasiado cansado.
Solo le queda escuchar la radio, hacer las compras y venir a casa a decir incoherencias que su mente no entiende como tales.
Cada tanto comete errores, producto de creerse…capaz. Y uno debe debatirse sin aviso entre la ira desatada por el problema, y la tristeza de pensar que hizo todo con su mejor intencion.
A veces desespero intentando explicarle a alguien como me hace sentir, como NOS hace sentir, a todos. Porque visto de afuera, siempre parece que fueramos nosotros los incorrectos. Y tal vez sea asi, pero yo no lo creo.
Convivir con una mente tan entendiblemente cansada, tan longeva, tan agoviante, es sin duda una de las pruebas mas exhaustas que debemos superar dia a dia. Y no espero que nadie que no lo viva pueda entender eso.
Muchas veces me despierto a la mañana pensando “hoy no le voy a decir nada”. Pero no puedo no hablarle, no puedo ignorarla. Es mi abuela, y la amo, aunque mi sentido comun no pueda con su mente irreal.
A veces aparece en mi puerta con una golosina, y nuevamente pienso, que tal vez, simplemente no deberia decirle nada.

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