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Estaba encerrada dentro de ese mundo que aborrecía. No había huecos, hendiduras ni salientes en los muros que la sofocaban.
Miro hacia arriba, pero hacia tiempo que el sol había dejado de brillar en ese cielo. Los altos muros se extendían mas allá de donde alcanzaba a ver, perdiéndose en esa inmensidad sin nombre, fusionándose con la interminable soledad. Era el sitio donde nunca había luz.
Se desesperaba.
Podía sentir sus miradas desnudándola, penetrando palmo a palmo sus pensamientos, violando su deseo.
No podía esconderse, ya no podía fingir formar parte de ese mundo a donde jamás había pertenecido.
Era allí donde el placer y el deseo hacían el amor, dejando el aire perfumado de algo que los incautos llaman felicidad. Podía sorberse en el aire, podía acariciarse, rebotaba en los muros...le llenaba el cuerpo de esa nada pegajosa que devoraba su ser.
Solo anhelaba huir, pero aun sentía esos ojos vacíos de toda sensibilidad humana persiguiéndola. Los observaba, aun sin entender, y volvía a observarlos. Jamás seria como ellos.
Se sintió sucia y dejo rodar las lagrimas de su inevitable destino, humedeciendo sus ojos, sus mejillas, arrastrándose hasta su vientre..desvaneciéndose.
Intento correr, quiso escapar, pero rebotaba una y otra vez contra esas masas amorfas, que volvían a regresarla al inicio, como en un mal sueño donde todo vuelve a suceder.
Pero esta vez era real.
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Era ese esotérico lugar, que la llenaba de cosas que ella no sentía.
El placer se deshacía en su boca, y se suicidaba una y otra vez. Resplandecía.
El aire se posaba majestuoso sobre su sien, y parecía aplastarla, llevándola hacia el submundo, donde solo habría sitios como ese, donde los ojos la miraban, donde todos sentían el placer que ella jamás sentiría, donde nunca había luz...donde todos decían ser felices, y ella jamás lo seria.
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