domingo, 1 de febrero de 2009

Vera y Luna *



Vera y Luna salieron una noche. No lo hacían tan seguido, pero disfrutaban mucho del tiempo que estaban juntas.
Eran bastante, demasiado diferentes tal vez. Muchas veces solían preguntarse cual era exactamente el motivo por el que seguían compartiendo el camino.
Luna tenia la ingenua utopía de entenderlo todo, y quizás nadie pudiera entender a Vera salvo ella misma.
Luna pensaba demasiado, a veces era dura, a veces era demasiado lógica, demasiado rígida, creía que todo tenía una explicación, y Vera no encontraba una explicación para eso. O simplemente no la buscaba.
Vera vivía los momentos como si todos fueran consecuencia de un suceso anterior, o de alguno futuro. Su análisis de las cosas estaba lejos de serlo, su sentido emocional primaba ante todo, viendo problemas y soluciones donde nadie más los encontraba. Y ese era seguramente su mayor encanto.
Quizás por eso se complementaban O quizás por eso a veces deseaban no verse.
A veces se lastimaban, pero muchas veces se hacían bien.
Cuando sentían que no tenían nada, conservaban la certeza de tenerse la una a la otra, y eso las unía, les daba una fortaleza que quizás nunca alcanzarían por si solas.
Pero había un deseo particular que las acercaba; en universo repleto de parejas, reales o no, estaban solas, se tenían entre ellas, pero estaban solas.
Vera, tan poseída por su instinto sentimental, era capaz de explicar con palabras lo que sentía, reflejaba su vacío con una claridad impecable; mientras que Luna sentiase identificada, pero desorientada a la hora de manifestarlo.
Vera y Luna salieron una noche. Salieron a divertirse. Salieron para salir. Para esta afuera. Quizás a buscar eso que buscaban todo el tiempo, aunque a veces lo olvidaban, aunque a veces lo ocultaban
A fin de cuentas solo salieron, y regresaron hundidas en un silencio tan pesado como la misma tierra que las sostenía.
Quizás no buscaran lo mismo, pero encontraron lo mismo.
Luna sucumbió ante la tentación, fingiendo olvidar lo que realmente estaba buscando. Luna cayó frente a la soledad.
Abandonada a su suerte, cometió una y otra vez el mismo error. Y como las veces anteriores, al caer a la realidad y descubrir su debilidad, se enterraba en la culpa y el pesar.
Luna fingía que nada había sucedido, cuando por dentro sentía exactamente lo mismo que Vera, pero ella jamás lo diría.
Fue un simple desencuentro, un tonto laberinto en el que ambas se habían perdido por buscar entenderse mutuamente. Pero eran tan diferentes, que tal vez ambas se habían equivocado.
Vera mintió pasar el tiempo, mientras Luna disfrutaba de su hallazgo.
Luna mintió disfrutar su hallazgo, mientras Vera mentía pasar el tiempo.
Cuando se hallaron lejos del lugar del crimen, estaba en la naturaleza de Vera manifestó su pesar.. Luna entendió (o al menos eso dirá ella) lo ocurrido, y tristemente se dio cuenta de que ambas habían caído de la misma manera, pero ya no había nada que decir, no al menos para Luna.
Se hallo consternada, ante el dolor de Vera, y no supo que decirle.
Seguramente habría pocos instantes reales en los que Luna podía entender completamente a Vera, y ese era uno, pero ante su terrible congoja, entendió que no había nada que pudiera decirle que consolara su alma entristecida por esa maldita cicatriz que volvía a brillar.
Invento palabras, sabiendo que decirlas o no, no cambiarían nada, pero estaba en su naturaleza no quedarse simplemente callada, nunca conseguía ser la mera observadora de los actos, y mucho menos del dolor de Vera.
Pero los momentos seguían pasando, Vera entristecía, y Luna desesperaba.
Agotada y sumida en una terrible congoja finalmente cayo. Y ese silencio las acompaño hasta el adiós.
Luna pensaba sin parar todo lo que podía decir, y sabía que estaba mal callar; pero sus silencios, poco frecuentes, eran quizás los gritos mas desesperados.
Sabía las consecuencias de su silencio. Sabia que desencadenarían mas tarde una de esas charlas que no siempre disfrutaba tener. Pero de todas formas callo.
Se sentía incomprendida, pero también sabia que Vera no podía entenderla. No porque no fuera capaz, sino porque Luna no quería hacerse entender.
Y hundidas en el más cruel de los silencios se despidieron. Vera le pidió “avísame cuando llegues”. Y Luna pensó…como hace para quererme aun cuando esta odiándome?

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